Autor: rpintosmtnez

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    BLOG
    XV

    A quien corresponda.

          Anoche hice el amor con mi mujer. Utilizo esta deformación anglo-sajona de decirlo, porque no encuentro otra mejor para expresarme. ¿Cómo quieren que lo diga? ¿Qué practiqué el coito, que mantuve relaciones sexuales – o si quieren íntimas, para los más puritanos – o más aún: que consumí y el acto y deber conyugal? Pues, no. Simplemente hice el amor. Más que simple, diría que sencillamente.

          Sencillo que no simple porque se trata de hacerlo con mi mujer, mi esposa, mi amante. Complejo que no complicado porque se trata de hacerlo con amor. Bello que no bonito por hermoso y puro, por pasional. Pasión por tratarse de quién se trata y no de lo que se trata. Respeto cuando se entiende lo que es amar, para enamorarse de cada uno de esos momentos. Disfrute por emocional embriaguez sentimental. Llegar al clímax sin exigencias en múltiples sensaciones orgásmicas. Alcanzar el sumun sin promesas de estrellas azules. Silencios de hechizo, ni un sólo reproche, nada de lo siento y te quiero, sólo te amo. ¿Preguntas?, no. Todo son respuestas.

          Muchos son los que afirman que, tras un tiempo, la pasión desaparece, lo que queda, si queda, es el amor. Puede que sea un iluso y que se me acuse de romántico, y que algunos incluso me tachen, directamente, de mentiroso. No quisiera pecar de excepcional porque excepción alguna soy, por lo tanto, ninguna regla confirmaré. Sin embargo, con nada de todo ello me siento mentado: nada que ver tiene conmigo. O, mejor dicho: con nosotros. Después de más de treinta años ahí sigue todo intacto. Con más rodaje, pero con las mismas ganas de viajar. Puede que esos viajes estén más espaciados en el tiempo, pero sólo porque quizás escojamos mejor nuestro destino, porque desde siempre nunca lo hemos planeado. Es como ir a la aventura, esperar ver que nos depara los acontecimientos, echarse en brazos del azar y que este decida. Sin métodos, sin reglas y ninguna meta. Ni periódicas, ni matemáticas, sólo las que te obligan la sinrazón. Pura química, donde las imposiciones jamás hemos querido que aniden, en el que el caos venció a la rutina, lo anodino se fue a hacer gárgaras y la imaginación se lleva todas las manos.

          Tal vez por ello, y puede que se me escape algún argumento más, sigamos juntos sin hastío alguno, desbancado todo aburrimiento, ignorando cualquier axioma, desafiando lo establecido, enterrando las creencias que se suman a nuestro credo. Y no por fe, sino por amor. Y que nadie crea que aquí me presente como abanderado de causa ninguna, ni defensor de nada que puede que siquiera exista. Soy plenamente consciente de mis limitaciones, de lo insignificante que realmente soy. Por ello doy gracias.

          Gracias a esa bendita casualidad que es la vida, que en su inmensa misericordia tuvo a bien disponer para mí un puñado de millones de átomos que, de modo aleatorio y para mi corto entender, milagrosamente, formen lo que yo soy. Gracias a ella y a su inmensa sabiduría para que, en sus inescrutables designios, se sirva de mí, y me tienda la trampa del amor y el sexo y me haga vivir. Gracias por este viaje a ninguna parte y poder hacerlo contigo, amor mío.

          Que nadie aquí se sienta excluido, ya que en nada soy exclusivo. Y que nadie interprete estas pocas líneas, por muy retóricas que sean, como un intento de exponer nada especial o, si quieren, abusando de reiteración, nada que ver con la exclusividad. En todo caso, diferente que no distinto. Como lo son todos y cada uno de ustedes. Y por ello también debemos dar las gracias. Algunos concordaréis conmigo, muchos discreparán, pero ninguno dejará de sentir: como crea y quiera. Que con los años se le hayan ido las cosas, que nada ya le sorprenda, que ya de vuelta esté de todas las cosas, que de tanto recordar el pasado la nostalgia le impida regresar. Yo me quedo aquí, porque quizás nunca me he movido de ahí y, sin embargo, ¡siento que he vivido tanto!… y gracias a ti.

          Así que vivamos, hagamos el amor una vez más, en susurros, sin añoranzas, sin prejuicios. Despidámonos de ellos… sólo quién tiene puede conservar.

          Vuestro, afectuosamente.

    rpm’14   

    Euskadi-Galiza agosto 2014

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    BLOG
    XIV

    Apreciado amigo.

          “¡Eehhhhhhh!… nuestra relación empieza a fallar… ¡jajaja!… y hay palabras dadas que cumplir… en cualquier situación, la duda es una derrota anticipada al desarrollo de una acción determinada… el recorrido de una lágrima que surca hasta el dibujo de una sonrisa… el amargo sabor que sazonamos con razones equivocadas… la distancia prolongada de una aceptación incómoda saturada de ánimos dispares que se agotan en una alegría de carnaval… un lamento ajeno que no encuentra consuelo ante una verdad incómoda… un suspiro profundo cargado de recuerdos de imágenes que están aún por dibujarse… un trazo impreso en la memoria del momento ofuscado ante un desenlace inesperado… una mirada que se pierde en la conquista de una alegría mayor… una traición agotadora al justo epílogo de una templanza mostrada en la confusión de nuestra lucha interior…”

          Eso me decías desde una terracita la última vez que me dijiste algo. Digo decir porque a pesar de haber utilizado la palabra escrita en lo dicho, lo hiciste a través de esas nuevas tecnologías de las que disponen los dispositivos móviles telefónicos. Lo que antes se decía de viva voz, ahora se enmascara en conversaciones escritas, la mayor parte de las cuales son inocuas, intranscendentes, insignificantes y vacías entre otras lindezas, pero sobre todo mal escritas, muy mal escritas.

          No es esto sobre lo que quiero verse esta mi nueva misiva, como bien tú entenderás, ni siquiera acerca de lo tú me propones desde la terracita. Es bello, sin duda, profundo si cabe, te empuja a la reflexión… eso me pasa por desafiar una mente inquieta y proponer un diálogo con inteligentes. Sin embargo, de todo ello departiremos en otra ocasión, si te parece. Lo que hoy me trae hasta aquí, es descubrir que, más que un buen escritor, en ti se esconde un buen orador que tiene, sin lugar a dudas, buen puño y mejor letra. Entonces, ¿dónde radica el problema? ¿Has leído, “El Niño De Los Colores”? Da igual, en todo caso, en él, a mi manera, vengo hablando de los muchos miedos que nos acechan y que, en más ocasiones de la deseadas, nos dominan. Lo que el protagonista del libro, Marc, percibe como “grises”.

          ¿Acaso es falto de virtud expresarse correctamente, además de con belleza e inteligencia? ¿Hay algo vergonzoso ello? ¿O es que turbia el ánimo de algunos?… Pues, ¡no!

          Lo que yo te propuse fue este modo de intercambio de palabra escrita y través de este medio poco más o menos que público. Que intercambiemos correspondencia, sin escondernos, sin miedo, ¿o tú sí lo tienes?… Así que no te falta razón: “hay palabras dadas que cumplir”, o puede que yo esté equivocado y no me hayas dado la tuya. En cualquier caso, te sigo retando, a sabiendas que tengo una alta probabilidad de salir derrotado: intelectual y talentosamente… pero da igual, te gano en valentía… Ventajas del atrevimiento.

          ¿Te atreves tú?

          Te facilitaré la tarea, explícame algunas cosas que me has querido decir desde “tu terracita”… No sería mal comienzo; cuando menos interesante.

    Saludos y quedo a la espera.

    rpm ‘14

    Euskadi-Galiza, xullo 2014.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xiii

    Amigo mío.

          A ti, como le ocurre al coronel de Gabriel García Márquez, quién no tiene quién te escriba según tu propio testimonio, quisiera dedicarte estas pocas líneas. Y quién sabe, quizás de hoy en adelante, pueda que lo tome como una sana costumbre y que la presente sea el principio de muchas.  Aunque se me ha venido una idea a la cabeza mientras esto escribo. Te propongo un trato: yo te seguiré escribiendo si tú mantienes la correspondencia. ¿Te parece?

          ¿Qué cómo se me ocurrió la primera parte de mi pensamiento, es decir, a la de decidirme a escribirte? Pues es muy sencillo: haciendo memoria. Y no mucha, la verdad, al menos, en cuanto al paso del tiempo. Hace dos semanas, en la “Sala Ingrávida” de O Porriño… Veo que tú también lo recuerdas. Ahí te confesabas tras hacerme “una pregunta” que más adelante abordaremos: “yo no tengo quién me escriba”, soltaste por lo bajines.

          Es posible y hasta probable que yo no sea la persona con quién más te apetezca mantener un diálogo, “entintando momentos compartidos por la caligrafía, invadiendo perímetros de una superficie anquilosada por el continuo devenir de sucesos…”, pero a mí, sí. Y mucho. Ya puestos a activar los resortes de la memoria, en ese mismo acto, yo te contesté, o te sugerí, más o menos, que tú podrías dedicarte a esto de la escritura. La frase anteriormente entrecomillada te pertenece y yo, sin vergüenza alguna y abusando de amistad, la adopté para mi página de “Songalego”. Un extremo que creo que ya conocías y, sino, ahora ya lo sabes. Pero esas no son las únicas frases y hasta párrafos que tienes comentado a favor de mis “CARTAS”, sobre todo cuando las dirijo a tu amiga, mi esposa y señora Ana. Ni los que tampoco tienes insertado en esta red social. A riesgo de que me juzguen poco menos como un experto que no soy, o que mal se me interprete como condescendiente, debo decir que, la falta de buen gusto y talento a la hora de plasmar negro sobre blanco, en tu caso, brilla por su ausencia. Me gusta y opino que es mejor que lo que yo hago.

          La posibilidad de que pueda mantener cierto grado de comunicación escrita a través de este medio y contigo, es atrayente, gustosa y seguramente enriquecedora. Conversar y, sobre todo, leer y escuchar gente inteligente siempre es reconfortante en los tiempos que corren. Te conozco y sé que mis elogios no son de tu agrado: a tu inteligencia se une modestia y humildad. No estás de acuerdo conmigo cuando te digo que, “tú sabes escribir muy bien”. Pues yo te diré que nos es un halago gratuito: es una verdad incontestable. Me halaga que tú sí consideres que yo escribo bien. Tu pregunta en la “Sala Ingrávida”, venía a querer saber, más o menos, en como yo abordaba mi forma o estilo de escribir a la hora de que, según que tema, fuese a tratar. Según tu parecer, diferenciabas dos formas: cuál había sido el adoptado para escribir la novela o cuál era el utilizado para componer cartas como, por ejemplo, ésta (tu hacías referencia a las que suelo dedicar a Ana). Si te soy sincero, ni yo mismo lo sé, aunque lo que siento es lo mismo en ambos casos. Supongo que el estilo es inherente a uno mismo, al igual que la forma. En el fondo, yo lo que creo es que “debemos escribir como vivimos” y, si quieres, tal como una vez se lo dije a mi hija: “escribe con el corazón”. Si lo afrontas tal cual no importa lo que escribas, un cuento, una carta, una novela o simplemente lo que se te ocurra.

          No voy a enrollarme más, por ser la primera vez no ha estado nada mal. Si te apetece, dedícame unos cuantos minutos de tu apreciado tiempo – que no sea el que empleas en encontrar nuevas músicas – e intenta “entintar momentos compartidos por la caligrafía, invadiendo perímetros de una superficie anquilosada por el continuo devenir de sucesos…”, Es posible, aunque poco probable, que lleguemos a entablar un diálogo inteligente.

          Quedo a la espera, amigo.

    rpm ‘14

    Euskadi-Galiza, junio 2014.

    P.D.: Soy quién aparece en la contraportada del libro, aunque no se parezca a la imagen que tú tienes creada de mí. Yo, por mi parte, siempre te recordaré como en la presente.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xii

    Amada Irmá Miña.

          Fai pouco máis dun mes – o dezaoito do que se foi – adicáballe ó teu irmán – o outro, o Meirande – unhas cantas verbas mal «entintadas»negro sobre branco, pero ditadas dende o  corazón e para o corazón, o mesmo o que hoxe quero facer contigo. Unha costume, esta, que me propuxen alongar no tempo, como si de unha obriga tratárase.

          Como podes comprobar, nesta volta, escríbote na nosa lingua materna, a que chaman de «Castelao». Non por nada en especial, nin sequera concreto, máis ben creo que é consecuencia a prol da analoxía anterior. Naquela, disertei sobor do transcurso do tempo (algo moi recorrente e pouco ocorrente, cando a verdadeira razón derradeira destas poucas liñas son, en realidade, o descorrer do mesmo) e das secuelas, máis mentais que físicas, que debilitan a nosa memoria.

          Contigo, iso, non me ocorre: ren téñome que maxinarme para relembrarte. Emporiso, hoxe non me apetece falar del (xa falei dabondo), senón de algo moito mías mundano, pero, en troques, máis complexo que non complicado: de sentimentos.

          Dende que «presumo» de ser escritor – en todo caso, mediocre –, só obtiven, da túa parte, mostras de apoio e confianza, amén dunha que máis xenerosa crítica vertida neste mesmo espazo común. Non é o que poidamos denominar, un apoio físico-material (as mostras deste veñen dadas a carón do outro teu irmán, o Meirande, dabondo cheas) senón das que todos tanto queremos e necesitamos e das que moitos, desgraciadamente, carecen. Pois ben, carencias desta índole non figuran como asentamento no meu «debe» emocional: tendo a persoas coma ti o meu redor, é imposíbel. Amar é indescritíbel, é que tal acontecemento sexa rebotado como se dun eco tratárase, non ten parangón.

          Amo e síntome amado, e nesta segunda parte, ti, miña irmá pequena, tes moito que ver e dicir, porque amosar, velo facendo dende fai xa moito tempo: remóntase a nosa máis tenra nenez. Grazas por me amar incondicionalmente.

          Que ninguén de todo canto aquel ou aquela que se asoma a esta misiva – sobre todo a quen teña una ligazón máis íntima comigo – se sinta excluído, entre outras razóns porque, en ningún caso, son exclusivo. Pero hoxe, tócate a ti, é o teu día. Xa o dixen: amo y síntome amado, e teño – non sei se bendita, pero si divina – a inmensa fortuna de contarte perante os meus seres máis queridos (neste caso utilizo o verbo querer, como para darlle unha «cor» máis de pertenza e, se cabe, de posesión), pero por riba de todo, de figurar, eu, entre os teus. Es dos meus e síntome dos vosos.

          Unha vez máis, grazas. Moitos dos meus soños e dúbidas non foron posíbeis sen ti.

    Agora toca despedirse, e volvemos ao tempo. Dese que todos queremos fuxir, pero que ninguén acada. Ese que ten a ben dispor de que gocemos da túa presenza un ano máis nas nosas existencias.

          Parabéns, irmá. Teu, afectuosamente,

    rpm’14

    Euskadi-Galiza, maio 2014

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xi

    Querido irmán, como tal che falo.

          Despois dun tempo, que sen el non era, decidínme dicirche ben pouca cousas a través do meu verbo escrito ben pouco expresivo e talentoso. Porén, terás que recoñecerme que máis vale tarde que nunca. Non ves! Non se me ocorre nada máis como escusa.

          Fai uns días, miña dona, tamén estivo de aniversario – o pasado día trece deste mesmo mes – e na miña efusiva misiva facíalle referencia ao tempo, non ao tempo climatolóxico, como ben adiviñaches, senón ao que transcorre e vai pasando, aquel que nos finta, pásanos e adianta. Pois ben, non quixera, tamén hoxe, mal teorizar sobor do mesmo. Máis ben, aproveitándome del, falar do que nos quita e da, pero, sobre todo, do que nos relembra.

          Os entendidos na materia din que pasado un certo tempo, para lembrarnos de certas facianas, temos que maxinarnos situacións concretas. E dicir, se temos que relembrar as persoas que nos importan, teremos que revivilos feitos con elas. Como podes ir observando, sigo falando do tempo.

          No caso que me ocupa – que es ti – cando te relembro, o primeiro que me ven a cabeza, son as lembranzas cheas de saudades que se instalan – que eu quixera que ficaran –, pero que non acado reter, pero si manter. De todas elas, da máis nítidas, aparécesme nun campo de xogo: ti baixando unha bola caída do ceo cun control incríbel de peito e, de remate certeiro, eleva-los brazos en uve en clara sinal de vitoria, namentres pola banda atlética teu pai grita ao respectábel en francés “agalegado”: “C’est mons fils!”, ao tempo que este, teu irmán pequeno, quéimalle as mans de tanto bater nelas.

          Con todo, e sen prexuízo de tódalas demais, o que con máis agarimo e ledicia agocho na miña alma, porque quizais sexa o que máis defíne-la personalidade e quen es, é o relembro que teño das festas de San Telmo de Tui, no que por primeira e derradeira vez, xuntos os dous, escoitábamos, abraiados ambos, a canción protesta dos que fuxían dos ventos a lombos apoloxéticos das inxustizas infrinxidas a nosa terra, esta, que tan descoñecida era para nos. Dende entón e até agora sei por que banda xogas: pola esquerda, a mesma que eu percorro á rebufo do meu irmán maior.

          Aquilo data do xa afastado abril de 1978.

          Como ves retorno ao que casque sempre me move a escribir estas misivas: o transcorrer do tempo, aínda que a verdadeira razón séxa-la escusa de manter contigo unha breve conversa en chave de relembro. Son un nostálxico, recoñezo-o, pero ti tamén deberás admitirme que, nestes casos, pouca marxe de evita-lo temos. Así que, aínda que non toque nestas liñas, coma se dunha despedida formal tratárase, non quixera desaproveita-la ocasión para enviarche os meus máis sinceros e sinxelos parabéns polo día do teu aniversario. Non indicarei nestes intres o mal gusto do tempo vivido.

          O que de verdade importa é vivir, e deste xeito poder relembrar todas esas imaxes nas que tantas facianas revélanse noutros tantos momentos: eses que nos din quen somos, que nos fan recoñecíbeis aos ollos dos demais.

          Agora si chegaron as verbas para a despedida, mais non quixera face-lo sen dicires o que, en resumo, pretendía transmitirche dende o principio destas poucas liñas escritas: “Como un Irmán che Falo, ti, Meu Meirande”.

    Saúdos e até a vindeira.

    “Como Un Irmán Che Falo”.

    rpm ‘14

    Euskadi-Galiza, abril 2014..

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    x

    Mi Muy Señora Mía.

          Una vez más, un año más me pongo en contacto con Usted a través de este foro y con esta misiva. Inevitablemente y como casi siempre – todavía en mi anterior comunicación lo abordo –, me es prácticamente inevitable hacer referencia al tiempo.

          Sí, Mi Señora, ese juez inexorable.

          Será quizás porque no queda otra, porque me dedico a esto de comunicarme con Usted a través del lenguaje escrito, sólo de cuando en vez, y eso, Mi Señora, despacha tiempo. De un aniversario a otro, de un recordatorio a otro, y aunque fuese aleatorios los momentos escogidos para tal fin, no dejarían de tener su tiempo. Pero ya que estamos enredados en el mismo y, por lo que parece, poco podemos hacer al respecto, quisiera, si me lo permite y excusando mi pedantería, exponer mi poca y efímera teoría sobre el tema que nos ocupa y no preocupa.

          Pues bien, el tiempo puede dividirse de muchas formas: en momentos, en recuerdos, en horas, etc. Como Usted bien sabrá, los griegos de la antigüedad distinguían entre dos tipos del mismo y, para ello, contaban con dos dioses: Kairós y Kronós. El segundo nos habla del tiempo que se puede medir, es decir, del cuantitativo; el primero – y estoy sintetizando todo cuanto me es posible – nos recuerda el tiempo como, “el momento”, y no cualquiera de ellos, sino el “adecuado y oportuno”; en resumen: el tiempo cualitativo.

          Como es obvio – y sé que Usted ya lo ha adivinado –, me quedo con este último. Si no, dígame, Mi Señora, ¿cuántosKairós han existidos en nuestro Kronós?… Una peseta trocando lágrimas por una sonrisa, una mirada asomada a la ventana esperando ser besada, un te quiero en “dos caballos” o una sala de cine… y esos, sólo son el principio y no los más lejanos, porque Usted sabe, Mi Señora, que nos son comunes y cotidianos. Sí, en Usted el Kronós se ha detenido para embriagarse de Kairós: eres mi momento en el tiempo, no te mido, te vivo, porque creo. Tú eres mi fe.

          ¿Qué importa entonces, cuánto vaya a cumplir hoy? Tan sólo será un Kairós más, un momento más adecuado y oportuno. Si quiere, que vengaKronós y lo cuantifique, que lo mida. Yo, mientras, disfrutaré del momento, como siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo.

          Esa es mi teoría.

          Y como Usted bien ha deducido, ésta no es más que una creencia, una forma de entender las cosas, algo que se nos arraiga profundamente y que tomamos como filosofía de vida. Es un acto de fe, una verdad en sí misma.

          Cuando pienso en todo esto y reflexiono sobre ello, no puedo dejar de recordar lo que – como ya le he comentado en anteriores misivas –, algunas veces, mentes febriles y corazones obtusos, osan preguntarme: después de tanto tiempo con tu mujer, ¿de qué podéis aún hablar? De nada, les contesto yo. Nosotros no hablamos, tenemos momentos, debería responderles, y para qué: si ellos no conocen ni creen en Kairós. Sé que se está riendo leyendo esto último y no hace falta que se lo pregunte… lo sé, porque creo: he ahí una buena respuesta.

          Otro día, Mi Señora, le hablaré de fe y creencias. De esas que Usted tanto me inspiró a lo largo del tiempo con sus momentos. Los más adecuados y oportunos. ¡Y dejemos ya de cuantificarlos!

          Felicidades, amor mío, y suma tu quincuagésimoKairós a tu vida.

          Te amo, Ana, tengas el tiempo que tengas.

    Suyo/Tuyo, afectuosamente,

    rpm ‘14

    Euskadi-Galiza, abril 2014.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    ix

    Mi Muy Amor Mío:

          Como puedes ver, hoy, he apeado el trato que normalmente te dispenso cuando me he propuesto hablarte desde éstas líneas, como, por ejemplo, en tus últimos cumpleaños. Sabes a que trato me refiero, el de Mi Señora, y no por nada en particular en la elección de estos dos parámetros – fecha y trato –, sino por todo en especial. Sabemos que, en ningún caso, nada de eso nos importa. Sólo son algunas licencias que este mediocre escritor y servidor tuyo, se toma la libertad de tomar, sin más pretexto que el poder expresarte lo que tú bien conoces siento por ti o, simple y llanamente, por libre albedrío y no tener que emplear expresiones más a ras de pueblo y, rozar con ello, quizás, palabras mal sonantes.

          Centrémonos, pues, en lo especial.

          Hoy es dieciocho de marzo, y hace treinta y cinco años, en la fiesta de cumpleaños de “Mariló” – con guateque y todo –, en presencia de “nuestro alcahuete de cabecera, Agus” – que esto leerá y en ello se reconocerá –, con “música de la buena” – no recuerdo cual – y a base de “Chivas Regal”, te “pedí salir”, como entonces se hacía. De la bebida te encargaste tú – le “guindaste” la botella a tu padre –, y de los cacahuetes, también; de montar el guateque, no me acuerdo bien; del local, sí; de la gente, no de todos; de “pedirte salir”, me encargué yo, con tu inestimable colaboración.

          Treinta y cinco años han pasado y no caeré en el tópico de decir que, “parece que fue ayer” – aunque bien cierto es (la vida es demasiado corta como para decir que las cosas nos quedan demasiado lejos) – ni tampoco que, “es toda una vida” – otra verdad, innegable –. En todo caso, redundando y aprovechando lo aquí expuesto, te diré que sigues siendo como la de “ayer”  y que eres “toda mi vida”.

          ¡Cuán corto se nos hizo!

          Vuelvo a bailar contigo en un guateque de un cumpleaños de whisky robado, de embriagarme con nostálgicas músicas de besos de frutos secos y labios salados, y de dejarme convencer para que un alcahuete te convenza que tú me pidas que yo te “pida salir”…

          Sí, dejaré que pasen otros treinta y cinco años… y otros… y siempre volveré, porque nunca no hemos ido.

          Ya ves, creo, y también tú te habrás percatado que, en este caso, el trato más adecuado para la ocasión, no sería el que estas líneas encabeza, ni tampoco el grandilocuente Mi Señora, sino más bien fuere, “Mi Vida”. ¿Cuál, sino?

          Sea cual sea, en cualquiera de sus acepciones, tú eres lo que mi corazón me dicta, lo que mi mente inspira y lo que mi conciencia abarca.

          Feliz aniversario, “Mi Vida”; te quiero, “Amor Mío”; a sus pies, “Mi Señora”.

    Tuyo, afectuosamente:

    rpm’14

    Euskadi-Galiza, marzo 2014.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    viii
  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    vii

    Mi Muy Querido Hijo.

          Como supondrás te escribo estas líneas para felicítate por tu cumpleaños, como ya lo hice anteriormente con tu madre, tu hermana y tu hermano, lo que se ha convertido en una costumbre de un tiempo a esta parte.

          Me faltabas tú.

          Bien es cierto que el año pasado y también por tu aniversario, sin ir más lejos, te dediqué unos pocos versos, tan pretenciosos, que tuvieron la osadía de intentar poderse comparar, siquiera, a lo que ni remotamente se le puede parecer: un poema.

          Lo titulé: “Ojos”.

          La última de estas cartas que tuve el atrevimiento de exponer en público, con dedicatoria incluida, fue la que le dediqué, por su vigésimo octavo cumpleaños, a tu hermano Ramsés, el día ocho de diciembre del pasado año. En ella le decía, a modo de recuerdo, con la brevedad y simpleza que exige el modelo escogido, el espacio y el tiempo, lo que un padre pueda expresar lo que por un hijo siente.

          Recurriendo, todavía más si cabe, al poder de síntesis, lo que le venía contando era el recuerdo que de él tenía cuando no era más que un recién nacido, resumiéndole brevemente lo que mi memoria emocional recordaba y mi retina, subjetivamente, guardó: el ser primerizo y que, sin saber qué hacer, decir, pensar o cómo actuar, sólo se me ocurrió elevarle al techo – no diré al cielo (sería demasiado presuntuoso por mi parte) – preguntándome sobre mi nuevo rol de padre.

          Todavía hoy, busco la respuesta.

          Cuando naciste tú, continuaba haciéndome la misma pregunta. No te elevé al cielo. No hizo falta: bastó mirarte a aquellos enormes ojos negros para comprender que lo estaba tocando y que, si alguna respuesta quería, ahí la toparía. De ahí el poema y del mismo mi recuerdo: es lo primero que me viene a la mente toda vez que te recuerdo, que no es, sino, todos los días.

          ¡Ojos!

          Pero lo que es común a cualquiera de vosotros tres, a ti, tu hermano y tu hermana, y que así siempre os lo intento transmitir, es el profundo amor que os profeso, de lo orgulloso que me siento de mis hijos y de lo satisfecho que me siento como padre, y no por ser ejemplar, sino por ser como sois.

          Os amo en cualquiera de las acepciones del verbo.

          Ya que te he propuesto el ámbito de los recuerdos, recordaré lo que le escribí a tu hermano: amarte por encima de todas las cosas y saber que eres gente de bien, sin que permitas que nadie te diga lo contrario. Lo eres, y no hay prueba más convincente que esos profundos ojos que todo lo ven y todo sienten. Los que dicen lo que tú eres: sólo es cuestión de asomarse a ellos y verán, como lo hice yo, que ahí están las respuestas.

          Con tal que te hablen de amor, es suficiente.

          Te veo, hijo, acercándote con aquellos inmensos ojos abiertos que, con sigilo y disimulo, pretendían rebuscar en el fondo de una taza de café, los restos no apurados de amor de padre… te pillaba in fraganti y entonces me sonreías, y todo tu rostro se iluminaba, porque no lo hacías con los labios, siquiera con la boca, sino que con los ojos…

          ¿Recuerdas?…

          Me despido, recordándome de ti por tu aniversario, felicitándote, sean los que sean los que cumplas.

    Tu padre que te quiere.

    rpm ‘14

    Euskadi-Galiza, xaneiro 2014.

    P.D.: Mamá se adhiere a las felicitaciones y muestras de amor. Así me lo hizo saber y que te lo hiciese llegar, lo que, por otro lado, puede que no fuese del todo imprescindible, ya que tú, lo das por supuesto.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    vi

    Mi Muy Querido Hijo.

          Antes que nada, debo confesar que, tiempo ha, debí haberte escrito y que no sirve disculpa alguna, ni justificación que alegar.

          Bien es cierto que, como el refranero nos indica: vale más tarde que nunca.

          Así que, ahí va.

          Nacías tal día como hoy en el quinto aniversario de la muerte de John Lennon y, tanto para tu madre como para mí, fue todo un acontecimiento: eras nuestro primogénito y no éramos más que unos críos.

          Te hacías a este mundo, a las cuatro y veinte de la tarde.

          Lo típico y tópico invita a decir que parece que fue ayer y, yo, quién no posee más talento que él pueda expresar en estas breves líneas, no se me ocurre nada, sino en tomar la frase hecha y hacerla mía. La vida es demasiado corta como para afirmar que las cosas han ocurrido hace ya mucho tiempo. Sólo son imaginaciones nuestras. Son tan cercanas y vívidas que sólo la añoranza nos separa de las mismas.

          Como te he dicho, fuiste un acontecimiento. El mero hecho de buscarte un nombre fue todo un debate que se resolvió por medio de la suerte: puro y duro sorteo, sin notario y ante fidedignos testigos.

          Y en suerte me has tocado tú.

          Sin embargo, uno de los recuerdos en el que más he pensado y recuerdo de aquellos tus primeros días de vida fue, en aquel, en un momento dado, en el que apenas habías cumplido un par de semanas, en la casa en la que habitábamos entonces, cuando, tumbado sobre la cama del cuarto en el que te habíamos instalado la cuna, te cogí en brazos y te le elevé hacia el techo – quizá en un intento de acercarte al cielo – y, permanecí así, durante no recuerdo cuanto tiempo.

          Todavía veo tu cara de sorpresa. Seguramente no entendías lo que aquel hombre barbudo te estaba haciendo. Me miraste, como todo los recién nacidos miran: con sorpresa. Extendiste los brazos, como imitando a un pájaro, buscando equilibrio.

          Y así te sostuve, supongo que hasta que se me cansaron los brazos.

          Te observé y reflexioné y, a decir verdad, no estaba muy seguro de saber lo que hacer contigo. De lo único que estaba seguro era de lo que sentía: un profundo amor que con el tiempo fue acrecentándose, pero también, una profunda sensación de vértigo que con el tiempo fue menguando.

          Vértigo a la responsabilidad, supongo.

          Como ya te he dicho, no era más que un crío y, volviendo a los tópicos, nadie te enseña a ser padre, siquiera te preparan para serlo. Y, ¿quién se atreve?, ¿quién está preparado? Aun así, asumí un compromiso conmigo mismo: en primer lugar, amarte por encima de todas lo cosas; en segundo, procurar hacer de ti gente de bien.

          El primer objetivo fue conseguido, porque sólo yo soy quién para juzgarlo. En cuanto al segundo, depende en gran medida de la subjetividad del observador ajeno. Pero, de lo que puedes estar seguro, es que yo estoy muy orgulloso de mis hijos y, tú, eres uno de ellos.

          Sois gente de bien y no permitáis nunca que os digan lo contrario.

          Hoy, transcurridos todos estos años, son a las conclusiones que he llegado. No era necesario asumir mi segundo objetivo, con el primero hubiera sido suficiente. Si cuanto todo emprendemos los hacemos con amor, lo demás viene rodado. Habrá dificultades y trampas, equivocaciones, juicios erróneos, continuas decisiones, quejas, malentendidos, perezas, esfuerzos múltiples, etc., propios y ajenos, previstos e imprevistos, pero todos superables si se construyen desde el amor. Como esta carta, llena de incorrecciones y falta de talento, seguramente, pero poco superable en afecto y amor.

          Yo he cometido la infinidad de lo expuesto, pero creo, si me permites mi falta de modestia, que siempre fueron tomadas desde el amor y que, gracias a ello, pueda presumir, aunque sea infinitesimalmente, de lo que sois y, tú, en particular, lo que hoy eres.

          No puedo obviar, como puedes imaginarte, que todo ello no hubiese sido posible sin la inestimable e incondicional ayuda, implicación y apoyo de tu madre, quién se suma, como no, a esta insignificante pero sentida epístola, para felicitarte por tu vigésimo octavo aniversario.

          Felicidades, hijo; felicidades, Ramsés.

    Tuyo, afectuosamente,

    Tu padre, que te quiere y te añora.

    rpm ‘13

    Euskadi- Galiza, decembro 2013.

    P.D.: – Happy birthday, son! See you soon. We miss you.