Autor: rpintosmtnez

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xxv

    Mi Muy Amado Hijo.

          El otro día, a raíz de los atentados perpetrados por fanáticos fundamentalistas que dicen actuar en nombre del islam, en París, leí con gran interés, lo que tú, como coloquialmente se conoce, pegaste en tu muro o estado del Facebook, lo que sobre ello opinas, y mi intención era, en ésta, darte mi poca y mal formada versión al respecto. En otra ocasión, si te parece, disertaré profusamente sobre ello en otra de mis insensatas “CARTAS”.

          Sin embargo, como comprobarás a continuación, en nada se asemeja con mi intención inicial lo que ahora he decidido decirte. Me acusarás – como yo mismo, por otro parte, más de una vez me he definido – de ser un nostálgico incorregible. Me gusta y ejerzo de tal, y seguramente en mí se hará patente aquello de que todo tiempo pasado fue mejor o, porque simple y llanamente, añoramos, como no puede ser de otra manera, aquello que ya no tenemos o de lo que no disponemos.

          Pues bien, hijo. Como bien tú recordarás, siempre por estas fechas, en casa, en el día de tu cumpleaños, lo más tardar, solíamos adornar de espíritu navideño nuestro hogar. La tradición, como bien tú supones – quién es nostálgica es tradicionalista –, se mantiene. Así que, como un año más, y a falta de vosotros – sobre todo tu hermana – me puse manos a la faena y armé como torpemente pude el árbol de navidad, mientras mamá se ocupaba del resto de la decoración de la casa. En mi tono irónico-guasón, que podría mal interpretarse como sucedáneo de a retranca galega, le dije a tu madre que estaba harto de repetir anualmente la misma y repetida tarea navideña, que para el año siguiente iría a un chino y me compraría uno de esos abetos ya “montados” con lucecitas y todo, y así me ahorraría el engorro en el que siempre o casi siempre (¿?) me enredan o me enredo. Como siempre o casi siempre, tu madre dejó que el gruñón de su marido – que con los años acentúa el defecto – dejase escapar su gruñido. Y a continuación, en uno esos pocos ataques de lucidez que a veces tengo, mi memoria se vio inundada por lo recuerdos que todavía hoy – creo que como siempre – me abruman.

          Sería fácil comprarse un árbol en los chinos, y puede que hasta práctico. Entonces, sé que me haría – y tú también – la siguiente pregunta: ¿y el espíritu navideño?… es ñoño, ¿verdad? Sí, ñoño, pero verdad. Una historia más de lágrima fácil, de esas que yo presumo siempre huir de ellas, pero que sin embargo siempre acabo irremediablemente cayendo en las mismas, como, por ejemplo, ya me ocurrió en mi primer cativo impreso, “El Niño De Los Colores”, al cual tacho, precisamente, de ñoño.

          No quiero, es más, me niego a renunciar a esos recuerdos, que no dejan de ser en cierta forma nuestro legado, llenos de momentos intensamente vividos, los que yo pedantemente, una vez desde esta tribuna, di a conocer a tu madre como los Kairós. Te veo a ti, a tu hermano y tu hermana ayudándome a colocar las bolitas, guirlandas y cordones de luces de colores entre intermitencias de risas y sonrisas de sana competencia fraternal para ver quién mejor y bello lo hacía; de la búsqueda del mejor musgo en los montes de Carracido para el mejor de los belenes; de los cantos graníticos de nuestra querida tierra; del serrín y virutas de los abuelos; del encuentro, en definitiva, contigo mismo y los tuyos.

          Si comprase un árbol en los chinos, todo esto dejaría, de algún modo, de existir, porque sé que una vez que este se estropease (al primer año, sin dudarlo, porque así vienen diseñados) lo que haría – como todos –, sería tirarlo a la basura y comprar otro. Entonces, ¿adónde irían a parar los recuerdos? Seguramente al mismo cubo. Porque en cada ornamento que año tras año vamos conservando, guardamos un recuerdo; en cada luz que tintinea, una historia que contar; en cada reflejo, un “kairós” vivido… Ya que empecé esta, haciendo referencia al Facebook, leí no hace mucho, sin que pueda recordar en qué “estado” ni el autor del mismo, el siguiente párrafo, que venía a decir más o menos esto: “Alguien le preguntaba a una octogenaria que cómo habían, ella y su marido, conseguido mantenerse tanto tiempo unidos (cerca de 60 años ya). A lo que contestaba con ojos de sabiduría que sólo los años dan: “Verá, es que yo viví en una época en la que cuando una cosa se estropeaba, se arreglaba”.

          Bueno hijo, ya no te doy más la lata, ni con el islam – como has podido comprobar – ni con mis furibundos ataques de añoranza. Sólo quería felicitarte por tu cumpleaños, y recuerda que, con él, todos los años, en casa, comienza la navidad.

    Besos y abrazos de mamá y míos.

    rpm’15

    Euskadi-Galiza, decembro 2015

    We miss you.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    BLOG
    XxIV

    Amado Pai Meu:

    É curioso como dicimos e opinamos de tantos cousas das que maiormente ren entendemos delas — como para comprendelas — e, no entanto, calamos cando se trata de falar do que más a beira temos. E coma si quedáramos sen verbas, como si fora tanto o que quixéramos expresar que a facultade da fala aturúlase na gorxa e as cordas vocais vense incapacitadas para emitires son algún. A min, a lo menos, ocórreme, e non só contigo, senón con todo aquel que máis debería coñecer. Cando así é, trato de recorrer á miña pouca fiable memoria e relembrar os feitos e mesmos as verbas das persoas das que desexo falar.

    De ti, Meu Pai, podería mesmo escribir un libro só coas ensinanzas das túas variadas anécdotas, coma se de parábolas alegóricas «platonianas» tratárase. Así que o bo lector entenderá que, por máis que me esforzara nese intento, nin o tempo, e menos o talento, sería quen de acometer semellante empresa.

    Coma ilustración só mencionarei un par de frases que tantas veces me repetiches: «Ah, mundo, mundo cabrón!», e: «Medio mundo está a foder a outro medio». Quen isto lea, rirase de quen as escribe e de quen as dixo, deducindo, incluso, da falla de orixinalidade das mesmas. Pódese rir canto lle de a gana e pregoar os catro ventos (como así é) que as frases non son de seguro túas: pero o que nunca poderá negar son as verdades que nelas agóchanse. Lapidarias si, pero non por iso menos certas. E ti, Meu Pai, en canto a cantos, canteiras e pedras, es un erudito.

    Fillo de canteiro, a túa ánima foi esculpida en pedra, e nela reflíctese a beleza da arte clásica, esa que se mantén inamovíbel no tempo, este no que ren inflúe os trocos mudados en modas, mesmo por onde el vai pasando imperturbábel. Medraches nunha guerra que impediuche crecer coas súas consecuencias, pero que non acadou de que ti non foras capaz de forxar o teu propio desenvolvemento. Unha guerra onde medio mundo andaba a foder ao outro medio — esas dúas Españas da que tanto te quixeron convencer —, que víñate a confirmar o cabrón que ese mundo é só porque uns din unha cousa y e outros outra. Por moito falar e demasiado calar, por pouco entender e ren comprender.

    E o mundo segue igual de cabrón aínda que disfrazado de pelexo de año. Ouvidos xordos, vacuas verbas de linguas viperinas coma secuencias dun vinilo raiado dunha cantilena até a saciedade repetida. E ti, Meu Pai, con pouca bagaxe educativa ditadas polas normas do sacro-santo estado, pero coa academia da vida por monteira, faste o parvo para que todos os cabróns pensen que ti penses que, eles mexando, ti dirás que está chovendo. Co que non contan, é coa túa incredulidade.

    Te-lo moi claro: o mundo segue a ser un cabrón. Cos teus oitenta e cinco as costas, unha mente tan pre-clara como a túa ten sobradamente despexada calquera dúbida. Poderán contarte misa e mesmo intentaren facerte comungar con rodas de muíño, asegurándote que o mundo trocou para ben. Ti, caladiño, ben sabes de mentiras e do que ren ten de verdade. Agora máis que nunca, Pai, medio mundo anda a foder ao outro medio.

    Xa na plenitude, rectificaches o dito, engadindo — esta vez si, para os das risas fáciles e parvas que nada entenden e menos comprenden — da túa colleita: «Antes, estaba medio mundo a foder outro medio. Agora, están tres cuartos a foder medio». Non te preocupes Pai, ti mesmo dicías-mo: «Antes facían o que querían; agora fan o que lles da a gana». Outra lápida a este mundo cabrón.

    Xa ves, Papá, só quería felicitarte polo teu aniversario. Non sei por que, pero non atopaba que dicirche e saíume esta «cabronada»… co fácil que era dicir, PARABÉNS MEU PAI!… Pero xa sabes, eu son un máis daqueles que ren entenden e menos comprenden.

    Oitenta e cinco anos, e honra e a honestidade continúan…

    Un abrazo, Meu Pai, e até a vindeira.

    rpm ‘15

    Euskadi-Galiza, novembro 2015.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    BLOG
    XXIII

    Mi Muy Querida Hermana.

    En mi último manuscrito de mi segundo libro que posiblemente se edite, en la «Nota de autor», venía a decir que tú eres mi «más ferviente admiradora». Estoy convencido de que lo llevarás con orgullo.

    Permíteme que haya encabezado de este modo este mi pequeño obsequio en el día de tu aniversario: es para mí un honor que tú seas una «incondicional mía». A mí también me llena de orgullo, y tal como me lo sugeriste para mi «novela», te lo diré en primera persona: te quiero. Eres de las personas que más han significado en mi vida, y tú lo sabes.

    Como ya conocéis los que seguís, de alguna manera en mis «Cartas desde Euskadi» vengo dedicándoles unas palabras – entintando momentos compartidos por la caligrafía, invadiendo perímetros de una superficie anquilosada por el continuo devenir de sucesos… tal como escribiría un buen amigo mío –, generalmente en un día de cierta significación para el receptor, a todo aquel o aquella que, de una forma u otra, alguna significación también tienen para mí. No es fácil – o al menos a mí no me resulta – escribirle a alguien por el simple placer de hacerlo, más cuando, desde lo afectivo, poco o nada puedo añadir, pues lo que siento por ti bien es conocido por los dos.

    Entonces, sin querer, una idea ilumina tu mente a modo de recuerdo, por ejemplo, o de algo que, hasta ese instante, nunca habías tenido en cuenta. Sabías de su existencia, pero era como si no tuviese importancia alguna; que estaba ahí, como agazapada, a la espera de ser rescatada. De esos pequeños detalles – muchas veces emocionales – es con los que vamos rellenando nuestra existencia.

    Recordé que estás leyendo mi manuscrito de «Juegos, sexo y amo» – espero que te guste y que lo disfrutes – y supe entonces la importancia, en valor sentimental, que tiene para mí el que tú seas de las primeras en conocer mi «obra» de primera mano. Lo que eso significa. Porque, ¿quién si no estarían más cualificadas que las personas que más y mejor me entienden, que más significación tienen para mí, que puedan valorar lo que escribo? Tú eres una de ellas. Sé que no serás la más imparcial, pero sí la más sincera.

    Cuando en tú «estado», ese apartado del «Facebook» en el que se expone en la mayoría de los casos banalidades por exceso de ocio y aburrimiento, escribiste tu «crítica» a mi primer «cativo impreso», «El Niño De Los Colores»; no cupe en mí de gozo sin control alguno sobre mis glándulas lagrimales: de dicha, lloré. Poco original, ya ves, mas, así fue.

    Que tú, una persona a la que admiro, elogie un insignificante trabajo literario escrito por un pseudo-escritor es, cuando menos, para este, gratificante, y si a esto le añadimos lo que representa, es decir, lo que significa (no quise reutilizar la palabra significación por no ser repetitivo), imagínate, pues, lo que pude llegar a sentir. Y ahora, resulta que la cosa no queda ahí: de ser yo tu más ferviente admirador a que tú lo seas de mí. Cuando en mi «Nota de autor» escribía eso, fue por la profunda admiración que te profeso. ¿Quién mejor que quien admiras se convierta en tu admiradora?

    No quisiera aburrirte con mis significados e insignificantes admiraciones y con ello estropearte el día. Lo único que pretendo realmente, en ocasiones como estas, es que quien reciba estas pocas líneas negro sobre blanco, sepa que me acuerdo de ella por lo que esta significa.

    Tu hermano que te quiere.

    rpm’ 15

    Eskadi-Galiza, mayo 2015

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xxii

    A mí.

    Ayer fue mi cumpleaños. Ese que, dicen, es tu día.

    Tenía la intención de dedicarme, aunque solo fuera un poquito, unas breves líneas a mí mismo, cosa que, por otra parte, vengo realizando desde un tiempo a esta parte en mis «CARTAS DESDE EUSKADI», toda vez – en la mayoría de los casos – que uno de esos días celebre alguna persona algo, para mí, de significativa importancia. Pues bien, como hoy es mi día, quiero dedicármelo. Hacerme, si me permiten, una auto-regalo, aunque solo sea hablando de mí, lo que como presente poco valor tendrá por intrascendente. Iba a hablar de lo que casi soy. De lo que siempre estoy a punto de conseguir, sin lograr ese casi a punto de comérmelo todo. El que siempre se queda en el olvido de la segunda plaza.

    Esa es la percepción que tengo de mismo: ¡cuán equivocado estoy!

    Quería también exponer mis alegrías, en forma más bien de sueños realizados, y mis también algunas decepciones o desilusiones. Sueños como ver publicado mi primer «cativo impreso» – como me gusta llamarle – nombre que le fue dado por un anónimo comprador a mi «Niño De Los Colores», pero de que cuyo nombre sí siempre me acordaré por siempre jamás. Como de aquellos que, de una forma u otra, colaboraron en que este, mi sueño, sea ya una realidad.

    Por otra parte, las pequeñas decepciones o desilusiones… No, no tengo derecho a quejarme y menos a hablar de ellas. Debería avergonzarme con solo pensar en ello. Cuando en las redes sociales o cualquier otra forma de comunicación tan de moda en esta era de las comunicaciones, y otras más convencionales como la clásica llamada telefónica o, inclusive, la tradicionalmente personal, se ha versado, se me ha hecho llegar, se me ha comunicado, en definitiva, tantas muestras de afecto, de cariño y de amor; ¡perdón!, no es decente que pueda ejercer derecho a la queja: ¡soy la persona más afortunada del mundo! Gracias por estar ahí: ¡todos vosotros! Mis nuevos «seguidores», «lectores», los amigos de siempre y los nuevos… pero permitidme una mención especial a los «míos». Esos que, sin que todavía hoy llegue a entender el porqué – tal vez porque tenga la falsa creencia de que no sea merecedor de ello –, siempre permanecen a mi lado en los sueños y en las desilusiones y que, día a día, tantas muestras de amor me muestran. Solo puedo henchirme de orgullo y gratitud y corresponderos con lo que, en verdad, sí, vosotros merecéis: mi amor incondicional.

    Me dedicaré, de todas formas, ese pequeño obsequio. No tenía del todo claro cuál iba a ser, hasta que lo leí. Reconozco que pueda acercarse peligrosamente a una apología sobre mi persona y que es, a todas luces, del todo parcial por halagador y de proceder de quien procede. Pero como ya he comentado: si la felicidad es un estado de ánimo, yo estoy instalada en ella a perpetuidad.

    Todo lo expuesto hasta aquí, sobra: ni mi exposición ni cuanta retórica utilice para expresarme, logrará superarlo. Si quería un auto-regalo, este es el mejor que podía haberme hecho.

    Gracias, Bruno. Te quiero, hijo.

    rpm’15

    Euskadi-Galiza, febreiro 2015

    Hoy 25 de Febrero:

    Tal día como hoy, hace 53 años, nació él.

    Para muchos es Rubén, para otros, «conocido», para unos pocos, «amigo», para muy pocos, «familia», para dos, «hermano», otros dos son «padres», pero para mí es, «papá».

    Papá que hoy cumples 53 años de alegrías,
    53 años de penas,
    53 años de amor,
    53 años de vida.
    53 veces, si no más, en las que puedes sentirte orgulloso de ti.
    53 años, en los que aprendiste y sigues aprendiendo.
    53 años dando y recibiendo conocimientos.
    53 años y nace un nuevo escritor, no de profesión, sino por vocación, más grande si cabe que la anterior, ya que el artista hace lo que hace por gusto y no por dinero, por mostrar y no por cobrar, por enseñar a los que vengan otras formas de ver las cosas.
    53 años llevo disfrutando de mi padre.
    53 razones para verme al espejo y querer ser él.
    53 veces que podría decir que es mi ídolo.
    53 veces mi padre.

    ¡Felicidades, papá!

    Atrás queda el pasado y delante el futuro, detrás el camino andado y delante el que queda por caminar.
    Pero hoy, para, solo para, mira a tu alrededor y disfruta de cuanto te rodea, hoy es tu día, saboréalo y celébralo.
    El camino puede esperar, porque…

    «Caminante, son tus huellas
    el camino y nada más;
    Caminante, no hay camino,

    se hace camino al andar.
    Al andar se hace el camino,
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar».

    Mañana será otro día para caminar, pero hoy, no.

    53 veces felicidades, papá.

    Bruno Pintos Blanco

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xxi

    Amigo Mío.

    «¡Eh, amigo!, ¿cómo estás esta mañana, recuerdas algo de lo que te ocurrió ayer?…» Ya sé que no te importa, que tú sigues a lo tuyo y pocas son las cosas que te distraen. Supongo que la fuerza de la costumbre te ha hecho así y que en ella te has acomodado. Tienes alternativas, por supuesto, pero nada quieres saber de ellas. Como todos, y como yo mismo, defendemos la rutina, aunque tantas veces desechada, es en la que tantas veces buscamos refugio, y nos da más miedo renovar que morir, porque tememos lo nuevo. Lo nuevo nos desconcierta, nos saca de nuestro ensimismamiento y nos arrebata el control. Un control que nunca tuvimos y jamás tendremos, pero que con la rutina creemos poseer. Sin embargo, algo deberíamos movernos y, en menor medida de lo deseable, casi todo el mundo lo hace. Y cuando hablo del «mundo» es del mío y, claro está, tú estás en él, y tú eres el que menos se mueve. No es que no puedas, es que no quieres. Te pareces a ese «Dr. Sheldon Cooper» de la serie televisiva «Big Bang», por la que apostaría nada sabes de la misma, porque nada sabes de lo que no sea pasa en «tu mundo».

    «En tu mente ya lo pones todo tal como ha de ser…» Yo, por mi parte, lo he intentado y los resultados fueron los esperados y no por ello menos decepcionantes. Como al Coronel al que nadie le escribía, intenté mantener un intercambio mutuo y recíproco de conversaciones como estas, y tú te has rajado. Hasta pretendí que estos fueran inteligentes. Nada conseguí, sino el silencio.

    Pero no desistiré en mi empeño, toda vez que la ocasión se me presente, como si de una de tus rutinas se tratase, insistiré en ello y el Coronel recibirá, en esos días señalados por las convenciones sociales que él tanto aborrece, su esperada carta. Esa en la que le recuerdan que todavía hay gente que se acuerda de él. Que aunque solo sea en esos días especialmente odiados, no dejan de formar parte de nuestra rutina vital y, de ella, amigo mío, difícilmente puedes escapar, porque siempre es bueno y hasta gratificante que alguien nos felicite, nos desee o pronuncie nuestro nombre.

    «Ya sé que no te importa, tú tienes que seguir, tú debes conseguir…» Así te imagino yo defendiéndote, blandiendo argumentos como verdades absolutas. Solo las que a ti te interesan. Y dirás, «¡Sí, claro!, a qué otras, ¿si no?». Y creerás haber vencido. ¡Ay, amigo mío!, no te lo creas, porque ambos estamos equivocados. Yo por insistir y tú por desistir. Yo seguiré escribiendo al Coronel y este dará acuse de recibo con entrega al remitente. Se alegrará, tendrá un motivo para la reflexión en su soledad, pero nada le convencerá. Taciturno volverá a su ensimismamiento. Llegado la hora hasta se dignará tomar un café con quien le escribe, pero sin salirse nunca de su rutina: a su hora y en el mismo café… «¡Un café con leche!», y su camarera de siempre se lo servirá.

    «En tus labios brilla una sonrisa que penetra en lo más hondo de mi ser…» Así te imagino, ahora, leyendo esto. Puede que meneado disconforme la cabeza, con gesto irónico y respuesta imaginaria sarcástica no exenta de cierto cinismo. Lo leerás, seguramente, mientras rutinariamente seguirás, entre las ondas de la red de redes, buscando el tema musical imposible.

    Amigo mío, hoy me he acordado de ti. Por rutina, supongo. Porque cumplir años lo es, ¿o no?

    rpm ‘15

    Euskadi-Galiza, febreiro 2015.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xx
  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    xix

    TATI.

          Tardé dos días en poder encontrar, más que las palabras o el momento, la explicación a lo que te ha ocurrido y todavía hoy no me lo explico. Supongo que jamás lo haré. Tardé dos días por incomprensión, por negación, por negarme a creer, a asumir, por injusticia. Tardé dos días y todavía hoy no me lo creo. Y algún día tendré que creer. Te has ido hace dos días, antes de ayer, el 20 de los corrientes y no he podido despedirme de ti. Despedirme de ti en vida.

          ¡Maldita sea! ¿Por qué te has ido?

          Es probable que tú me lo digas, porque tú crees. Quienes te conocemos sabemos de tu creencia, pero sobre todo de tu fe. Es verdad que crees en Dios, a tu manera – como con todo lo demás –, sin embargo, la fe es tu seña de identidad. En ti, en los tuyos y en todo aquél que gozó de tu amistad: yo tuve la bendita suerte de poder disfrutar de la misma. Es un honor y un privilegio presumir que me cuentes entre tus amigos. La reflexión pobre e inmediata es pensar que decir esto queda bien y cubre expediente. Ni quiero quedar bien ni cubrir expediente alguno, pero si reconforta, ilustraré a la persona, como yo, de poca fe.

          Hay muchas maneras de definir la amistad, como tanta otras de profanarla y hasta de prostituirla. Pues que se sepa que tú eres de esas que la da sentido a la misma, que recupera su misma esencia, que vuelve a colocarla en el sitio que le corresponde y de dónde nunca debió haber salido. Lo tuyo no es una amistad huérfana de contenido, sino es la que llenas con más argumentos que los simples lazos afectivos. Exiges, pero sobre todo das lo que verdaderamente importa de la misma. Para ti no hay amistad sin entrega, sin sacrificio, sin lealtad o con condición, entre otros tantos matices que pueblan tu ser lleno de colorido. Y con la misma fuerza y energía, si cabe, del mismo modo te comportas con los tuyos, sin contraprestación alguna: vives por y para ellos. 

          Si con una palabra debiera definirte, no lo dudaría, sería: lealtad. Sin fisuras.

          Sin embargo, bien simple sería si sólo con eso me quedase. Adornarte es fácil, más ahora que no estás. Y no seré quién peque de hipocresía post-mortem, sino que me remitiré a cuantos te conocen y ellos serán quienes se encarguen de añadir lo que a mi pobre vocabulario le falta porque, aunque aquí expusiese toda la larga lista de las demás virtudes que en ti se concentran – abnegación, fuerza, constancia, inteligencia, bondad… – jamás llegaría a cumplimentarla. Se lo oí decir a Jose, “Tu Jose”, sé dónde lo oyó, pero no importa: «No le contaré a la gente como has muerto, sino cómo has vivido >>. Hete aquí tu gran tributo. Y si me dejas, aportaré mi granito, que tampoco es mío, aunque creo que igual de bello: «El mundo sin ti será un lugar menos bueno».

          No creo en tu Dios – tú lo sabes –, entre otras cosas porque me ha desposeído de tu presencia. Mejor me quedo con tu fe y, si quieres, te confesaré, bajito y al oído, lo que en verdad creo. Creo en la eternidad, porque tú como los demás eres materia y energía, y ya sabemos lo que a ambas les ocurre. Esos millones de átomos, partículas, células y moléculas que fueron tú, se irán a formar otras cosas en otros lugares con distintos propósitos, pero con una diferencia en tu caso: a formar el bien.

          Y no todos pueden decir lo mismo.

          Apenas dos días…

          A mi amiga Pusha Fratilia, Tatiana. Tati, para los amigos.

    rpm ‘15

    Euskadi-Galiza, xaneiro 2015

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    BLOG
    XVIII

    Mi Muy Querido Hijo.

          Últimamente poco hemos hablado tú y yo. Por una serie de razones y casuísticas que no entraremos ahora a valorar, el caso es que la comunicación ha ido menguando sensiblemente. Nada grave, por otro lado, tan sólo la añoranza de tu contacto verbal que viene a sumarse al de tu persona. Intuyo, más que conocer, las remediables y asumibles dificultades en las que te has visto sumiso estos recientes pasados tiempos por lo poco que me has contado. Nada, creo yo, que vaya más allá de un pequeño bache del que tú, tengo plena fe, saldrás fortalecido.

          Camino ya de la treintena he visto como hace más de tres años emprendías el camino hacia la emancipación. Dejabas atrás el que siempre será tu hogar, a mí y a mamá, a tus hermanos y todo cuanto habías fraguado emocional y sentimentalmente hasta el día de tu partida. Con poco más que lo puesto te enrolabas en una nueva aventura entre las tierras de los hijos de la Gran Bretaña. Te acompañó la buena fortuna que siempre cosecha la buena gente, la morriña de tu tierra y las “saudades” de tus seres queridos. Nunca me lo has confesado por ser un buen hijo que evita a toda costa sufrimientos estériles a sus padres, pero mi ventaja en forma de experiencia se hace cargo de los llantos solitarios vertidos en los inicios, de las dudas que generan cualquier nueva situación y de los miedos que nos hacen replantearnos las decisiones tomadas. No te amedrantaste y seguiste con el plan poco formado, pero terriblemente arraigado en tu mente.

          Te fuiste siendo lo que siempre serás para mamá y yo: “nuestro niño”. O, si quieres – sin tanto remilgo sentimental, – un adulto recién salido de la adolescencia sin prácticamente experiencia vital alguna. No transcurrió demasiado tiempo para que me percatase de tu transición a la madurez: tan sólo fueron necesarias mis primeras comunicaciones en la distancia contigo. Una metamorfosis que, sin duda alguna, se forjó no sin cierto dolor. Esa que, con la vida, nos va puliendo. Del mismo modo, poco tardaste en encontrar lo que de verdad te satisface desde lo profesional, y de lo que personalmente en verdad eres.

          Soy tu padre y nada me cuesta decirte que me siento orgulloso de ti. Admitir lo contrario sería admitir mi propio fracaso. Sin embargo, obviando todas las conjeturas sentimentales que nos unen a ti y a mí, y esforzándome – lo que probablemente no conseguiré – en ser lo más imparcial que pueda, me siento igualmente orgulloso de ti. Tal afirmación resulta poco creíble, lo sé, pero, en este caso, lo hechos hablan por sí solos y así lo aseveran. Nadie te arrebatará eso.

          Te fuiste siendo un niño – “nuestro niño” – y hoy te dedico estas sencillas y pobres líneas como hombre. Más que nunca me siento orgulloso de ti. Sabía de tus capacidades, lo que desconocía era su puesta en práctica y, una vez más, sobrepasaste mis mejores expectativas. Poco importa lo que hayas conseguido, lo importante es lo que has aprendido y eso sólo se aprende viviendo y sólo para quienes quieran aprender. Y eso, hijo, es un signo de inteligencia: la única vara de medir que nos diferencia. Soy de la opinión que tú nada tienes que demostrar a los demás. Quizás con ciertos retoques hubieses sido lo que te hubieses propuesto, eso nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es lo que eres: una persona cada vez mejor. Y eso no es poco: no te olvides que hay quienes se conforman con ser buena gente.

          No quiero aburrirte más con mi verborrea muchas veces sin sentido y escasamente argumentada, pero me dejo llevar cuando se trata de “vosotros”. Sé que tú me entiendes y es suficiente. Como también sé que tú sabes porque te he escrito, aunque todo el mundo crea que es por ser el día se tu cumpleaños. Si eso es lo que en limpio saca todo aquél que se haya asomado a estas líneas, entonces, sólo caben dos deducciones: o quién esto lea no se entera, o que yo sea el que no se entera escribiendo.

          Probablemente esta segunda opción será la acertada.

          Tu padre que te quiere,

    rpm’14

    Euskadi-Galiza, decembro 2104

    P.D.: Mon and I love you and miss you

  • «Songalego»

    BLOG
    XVIi

    Mis diez mejores libros

    Hay tres tipos de libros:

    1- Los que deben leerse.

    2- Los que pueden leerse.

    3- Los que no deben leerse.

    Quizás los míos pertenezcan a esta tercera categoría, ¡jajaja!


    1- Una breve historia de casi todo (William McGuire «Bill» Bryson).

    2- La rebelión de Atlas ( Ayn Rand seudónimo de Alisa Zinóvievna Rosenbaum).

    3- El Manantial (Ayn Rand).

    4- Alicia a través del espejo ( Lewis Carroll seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson).

    5- Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll).

    6- El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes y Saavedra).

    7- Los Episodios Nacionales (Benito María de los Dolores Pérez Galdós, conocido como Benito Pérez Galdós) Ya sé que son 46 tomos, pero merece la pena.

    8- Los miserables («Les misérables» de Victor Marie Hugo, Victor Hugo).

    9- Las aventuras del buen soldado Švejk («Osudy dobrého vojáka Švejka za světové války» «Las maravillosas aventuras del buen soldado Švejk durante la Guerra Mundial» de Jaroslav Hašek).

    10- Tarántula (ThIerry Jonquet ).

    Probablemente podría ser otra lista de otros diez, pero es la que es, y me gusta.

  • «CARTAS DESDE EUSKADI»

    blog
    XVI

    rrpm ‘14prm ‘14