blog
x
Mi Muy Señora Mía.
Una vez más, un año más me pongo en contacto con Usted a través de este foro y con esta misiva. Inevitablemente y como casi siempre – todavía en mi anterior comunicación lo abordo –, me es prácticamente inevitable hacer referencia al tiempo.
Sí, Mi Señora, ese juez inexorable.
Será quizás porque no queda otra, porque me dedico a esto de comunicarme con Usted a través del lenguaje escrito, sólo de cuando en vez, y eso, Mi Señora, despacha tiempo. De un aniversario a otro, de un recordatorio a otro, y aunque fuese aleatorios los momentos escogidos para tal fin, no dejarían de tener su tiempo. Pero ya que estamos enredados en el mismo y, por lo que parece, poco podemos hacer al respecto, quisiera, si me lo permite y excusando mi pedantería, exponer mi poca y efímera teoría sobre el tema que nos ocupa y no preocupa.
Pues bien, el tiempo puede dividirse de muchas formas: en momentos, en recuerdos, en horas, etc. Como Usted bien sabrá, los griegos de la antigüedad distinguían entre dos tipos del mismo y, para ello, contaban con dos dioses: Kairós y Kronós. El segundo nos habla del tiempo que se puede medir, es decir, del cuantitativo; el primero – y estoy sintetizando todo cuanto me es posible – nos recuerda el tiempo como, “el momento”, y no cualquiera de ellos, sino el “adecuado y oportuno”; en resumen: el tiempo cualitativo.
Como es obvio – y sé que Usted ya lo ha adivinado –, me quedo con este último. Si no, dígame, Mi Señora, ¿cuántosKairós han existidos en nuestro Kronós?… Una peseta trocando lágrimas por una sonrisa, una mirada asomada a la ventana esperando ser besada, un te quiero en “dos caballos” o una sala de cine… y esos, sólo son el principio y no los más lejanos, porque Usted sabe, Mi Señora, que nos son comunes y cotidianos. Sí, en Usted el Kronós se ha detenido para embriagarse de Kairós: eres mi momento en el tiempo, no te mido, te vivo, porque creo. Tú eres mi fe.
¿Qué importa entonces, cuánto vaya a cumplir hoy? Tan sólo será un Kairós más, un momento más adecuado y oportuno. Si quiere, que vengaKronós y lo cuantifique, que lo mida. Yo, mientras, disfrutaré del momento, como siempre lo he hecho y lo seguiré haciendo.
Esa es mi teoría.
Y como Usted bien ha deducido, ésta no es más que una creencia, una forma de entender las cosas, algo que se nos arraiga profundamente y que tomamos como filosofía de vida. Es un acto de fe, una verdad en sí misma.
Cuando pienso en todo esto y reflexiono sobre ello, no puedo dejar de recordar lo que – como ya le he comentado en anteriores misivas –, algunas veces, mentes febriles y corazones obtusos, osan preguntarme: después de tanto tiempo con tu mujer, ¿de qué podéis aún hablar? De nada, les contesto yo. Nosotros no hablamos, tenemos momentos, debería responderles, y para qué: si ellos no conocen ni creen en Kairós. Sé que se está riendo leyendo esto último y no hace falta que se lo pregunte… lo sé, porque creo: he ahí una buena respuesta.
Otro día, Mi Señora, le hablaré de fe y creencias. De esas que Usted tanto me inspiró a lo largo del tiempo con sus momentos. Los más adecuados y oportunos. ¡Y dejemos ya de cuantificarlos!
Felicidades, amor mío, y suma tu quincuagésimoKairós a tu vida.
Te amo, Ana, tengas el tiempo que tengas.
Suyo/Tuyo, afectuosamente,
rpm ‘14
Euskadi-Galiza, abril 2014.


Deja una respuesta