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Mi Muy Amor Mío:
Como puedes ver, hoy, he apeado el trato que normalmente te dispenso cuando me he propuesto hablarte desde éstas líneas, como, por ejemplo, en tus últimos cumpleaños. Sabes a que trato me refiero, el de Mi Señora, y no por nada en particular en la elección de estos dos parámetros – fecha y trato –, sino por todo en especial. Sabemos que, en ningún caso, nada de eso nos importa. Sólo son algunas licencias que este mediocre escritor y servidor tuyo, se toma la libertad de tomar, sin más pretexto que el poder expresarte lo que tú bien conoces siento por ti o, simple y llanamente, por libre albedrío y no tener que emplear expresiones más a ras de pueblo y, rozar con ello, quizás, palabras mal sonantes.
Centrémonos, pues, en lo especial.
Hoy es dieciocho de marzo, y hace treinta y cinco años, en la fiesta de cumpleaños de “Mariló” – con guateque y todo –, en presencia de “nuestro alcahuete de cabecera, Agus” – que esto leerá y en ello se reconocerá –, con “música de la buena” – no recuerdo cual – y a base de “Chivas Regal”, te “pedí salir”, como entonces se hacía. De la bebida te encargaste tú – le “guindaste” la botella a tu padre –, y de los cacahuetes, también; de montar el guateque, no me acuerdo bien; del local, sí; de la gente, no de todos; de “pedirte salir”, me encargué yo, con tu inestimable colaboración.
Treinta y cinco años han pasado y no caeré en el tópico de decir que, “parece que fue ayer” – aunque bien cierto es (la vida es demasiado corta como para decir que las cosas nos quedan demasiado lejos) – ni tampoco que, “es toda una vida” – otra verdad, innegable –. En todo caso, redundando y aprovechando lo aquí expuesto, te diré que sigues siendo como la de “ayer” y que eres “toda mi vida”.
¡Cuán corto se nos hizo!
Vuelvo a bailar contigo en un guateque de un cumpleaños de whisky robado, de embriagarme con nostálgicas músicas de besos de frutos secos y labios salados, y de dejarme convencer para que un alcahuete te convenza que tú me pidas que yo te “pida salir”…
Sí, dejaré que pasen otros treinta y cinco años… y otros… y siempre volveré, porque nunca no hemos ido.
Ya ves, creo, y también tú te habrás percatado que, en este caso, el trato más adecuado para la ocasión, no sería el que estas líneas encabeza, ni tampoco el grandilocuente Mi Señora, sino más bien fuere, “Mi Vida”. ¿Cuál, sino?
Sea cual sea, en cualquiera de sus acepciones, tú eres lo que mi corazón me dicta, lo que mi mente inspira y lo que mi conciencia abarca.
Feliz aniversario, “Mi Vida”; te quiero, “Amor Mío”; a sus pies, “Mi Señora”.
Tuyo, afectuosamente:
rpm’14
Euskadi-Galiza, marzo 2014.
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