«CARTAS DESDE EUSKADI»

Escrito por

en

blog
xxii

A mí.

Ayer fue mi cumpleaños. Ese que, dicen, es tu día.

Tenía la intención de dedicarme, aunque solo fuera un poquito, unas breves líneas a mí mismo, cosa que, por otra parte, vengo realizando desde un tiempo a esta parte en mis «CARTAS DESDE EUSKADI», toda vez – en la mayoría de los casos – que uno de esos días celebre alguna persona algo, para mí, de significativa importancia. Pues bien, como hoy es mi día, quiero dedicármelo. Hacerme, si me permiten, una auto-regalo, aunque solo sea hablando de mí, lo que como presente poco valor tendrá por intrascendente. Iba a hablar de lo que casi soy. De lo que siempre estoy a punto de conseguir, sin lograr ese casi a punto de comérmelo todo. El que siempre se queda en el olvido de la segunda plaza.

Esa es la percepción que tengo de mismo: ¡cuán equivocado estoy!

Quería también exponer mis alegrías, en forma más bien de sueños realizados, y mis también algunas decepciones o desilusiones. Sueños como ver publicado mi primer «cativo impreso» – como me gusta llamarle – nombre que le fue dado por un anónimo comprador a mi «Niño De Los Colores», pero de que cuyo nombre sí siempre me acordaré por siempre jamás. Como de aquellos que, de una forma u otra, colaboraron en que este, mi sueño, sea ya una realidad.

Por otra parte, las pequeñas decepciones o desilusiones… No, no tengo derecho a quejarme y menos a hablar de ellas. Debería avergonzarme con solo pensar en ello. Cuando en las redes sociales o cualquier otra forma de comunicación tan de moda en esta era de las comunicaciones, y otras más convencionales como la clásica llamada telefónica o, inclusive, la tradicionalmente personal, se ha versado, se me ha hecho llegar, se me ha comunicado, en definitiva, tantas muestras de afecto, de cariño y de amor; ¡perdón!, no es decente que pueda ejercer derecho a la queja: ¡soy la persona más afortunada del mundo! Gracias por estar ahí: ¡todos vosotros! Mis nuevos «seguidores», «lectores», los amigos de siempre y los nuevos… pero permitidme una mención especial a los «míos». Esos que, sin que todavía hoy llegue a entender el porqué – tal vez porque tenga la falsa creencia de que no sea merecedor de ello –, siempre permanecen a mi lado en los sueños y en las desilusiones y que, día a día, tantas muestras de amor me muestran. Solo puedo henchirme de orgullo y gratitud y corresponderos con lo que, en verdad, sí, vosotros merecéis: mi amor incondicional.

Me dedicaré, de todas formas, ese pequeño obsequio. No tenía del todo claro cuál iba a ser, hasta que lo leí. Reconozco que pueda acercarse peligrosamente a una apología sobre mi persona y que es, a todas luces, del todo parcial por halagador y de proceder de quien procede. Pero como ya he comentado: si la felicidad es un estado de ánimo, yo estoy instalada en ella a perpetuidad.

Todo lo expuesto hasta aquí, sobra: ni mi exposición ni cuanta retórica utilice para expresarme, logrará superarlo. Si quería un auto-regalo, este es el mejor que podía haberme hecho.

Gracias, Bruno. Te quiero, hijo.

rpm’15

Euskadi-Galiza, febreiro 2015

Hoy 25 de Febrero:

Tal día como hoy, hace 53 años, nació él.

Para muchos es Rubén, para otros, «conocido», para unos pocos, «amigo», para muy pocos, «familia», para dos, «hermano», otros dos son «padres», pero para mí es, «papá».

Papá que hoy cumples 53 años de alegrías,
53 años de penas,
53 años de amor,
53 años de vida.
53 veces, si no más, en las que puedes sentirte orgulloso de ti.
53 años, en los que aprendiste y sigues aprendiendo.
53 años dando y recibiendo conocimientos.
53 años y nace un nuevo escritor, no de profesión, sino por vocación, más grande si cabe que la anterior, ya que el artista hace lo que hace por gusto y no por dinero, por mostrar y no por cobrar, por enseñar a los que vengan otras formas de ver las cosas.
53 años llevo disfrutando de mi padre.
53 razones para verme al espejo y querer ser él.
53 veces que podría decir que es mi ídolo.
53 veces mi padre.

¡Felicidades, papá!

Atrás queda el pasado y delante el futuro, detrás el camino andado y delante el que queda por caminar.
Pero hoy, para, solo para, mira a tu alrededor y disfruta de cuanto te rodea, hoy es tu día, saboréalo y celébralo.
El camino puede esperar, porque…

«Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar».

Mañana será otro día para caminar, pero hoy, no.

53 veces felicidades, papá.

Bruno Pintos Blanco

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *