blog
vi
Mi Muy Querido Hijo.
Antes que nada, debo confesar que, tiempo ha, debí haberte escrito y que no sirve disculpa alguna, ni justificación que alegar.
Bien es cierto que, como el refranero nos indica: vale más tarde que nunca.
Así que, ahí va.
Nacías tal día como hoy en el quinto aniversario de la muerte de John Lennon y, tanto para tu madre como para mí, fue todo un acontecimiento: eras nuestro primogénito y no éramos más que unos críos.
Te hacías a este mundo, a las cuatro y veinte de la tarde.
Lo típico y tópico invita a decir que parece que fue ayer y, yo, quién no posee más talento que él pueda expresar en estas breves líneas, no se me ocurre nada, sino en tomar la frase hecha y hacerla mía. La vida es demasiado corta como para afirmar que las cosas han ocurrido hace ya mucho tiempo. Sólo son imaginaciones nuestras. Son tan cercanas y vívidas que sólo la añoranza nos separa de las mismas.
Como te he dicho, fuiste un acontecimiento. El mero hecho de buscarte un nombre fue todo un debate que se resolvió por medio de la suerte: puro y duro sorteo, sin notario y ante fidedignos testigos.
Y en suerte me has tocado tú.
Sin embargo, uno de los recuerdos en el que más he pensado y recuerdo de aquellos tus primeros días de vida fue, en aquel, en un momento dado, en el que apenas habías cumplido un par de semanas, en la casa en la que habitábamos entonces, cuando, tumbado sobre la cama del cuarto en el que te habíamos instalado la cuna, te cogí en brazos y te le elevé hacia el techo – quizá en un intento de acercarte al cielo – y, permanecí así, durante no recuerdo cuanto tiempo.
Todavía veo tu cara de sorpresa. Seguramente no entendías lo que aquel hombre barbudo te estaba haciendo. Me miraste, como todo los recién nacidos miran: con sorpresa. Extendiste los brazos, como imitando a un pájaro, buscando equilibrio.
Y así te sostuve, supongo que hasta que se me cansaron los brazos.
Te observé y reflexioné y, a decir verdad, no estaba muy seguro de saber lo que hacer contigo. De lo único que estaba seguro era de lo que sentía: un profundo amor que con el tiempo fue acrecentándose, pero también, una profunda sensación de vértigo que con el tiempo fue menguando.
Vértigo a la responsabilidad, supongo.
Como ya te he dicho, no era más que un crío y, volviendo a los tópicos, nadie te enseña a ser padre, siquiera te preparan para serlo. Y, ¿quién se atreve?, ¿quién está preparado? Aun así, asumí un compromiso conmigo mismo: en primer lugar, amarte por encima de todas lo cosas; en segundo, procurar hacer de ti gente de bien.
El primer objetivo fue conseguido, porque sólo yo soy quién para juzgarlo. En cuanto al segundo, depende en gran medida de la subjetividad del observador ajeno. Pero, de lo que puedes estar seguro, es que yo estoy muy orgulloso de mis hijos y, tú, eres uno de ellos.
Sois gente de bien y no permitáis nunca que os digan lo contrario.
Hoy, transcurridos todos estos años, son a las conclusiones que he llegado. No era necesario asumir mi segundo objetivo, con el primero hubiera sido suficiente. Si cuanto todo emprendemos los hacemos con amor, lo demás viene rodado. Habrá dificultades y trampas, equivocaciones, juicios erróneos, continuas decisiones, quejas, malentendidos, perezas, esfuerzos múltiples, etc., propios y ajenos, previstos e imprevistos, pero todos superables si se construyen desde el amor. Como esta carta, llena de incorrecciones y falta de talento, seguramente, pero poco superable en afecto y amor.
Yo he cometido la infinidad de lo expuesto, pero creo, si me permites mi falta de modestia, que siempre fueron tomadas desde el amor y que, gracias a ello, pueda presumir, aunque sea infinitesimalmente, de lo que sois y, tú, en particular, lo que hoy eres.
No puedo obviar, como puedes imaginarte, que todo ello no hubiese sido posible sin la inestimable e incondicional ayuda, implicación y apoyo de tu madre, quién se suma, como no, a esta insignificante pero sentida epístola, para felicitarte por tu vigésimo octavo aniversario.
Felicidades, hijo; felicidades, Ramsés.
Tuyo, afectuosamente,
Tu padre, que te quiere y te añora.
rpm ‘13
Euskadi- Galiza, decembro 2013.
P.D.: – Happy birthday, son! See you soon. We miss you.

Deja una respuesta