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XXIII
Mi Muy Querida Hermana.
En mi último manuscrito de mi segundo libro que posiblemente se edite, en la «Nota de autor», venía a decir que tú eres mi «más ferviente admiradora». Estoy convencido de que lo llevarás con orgullo.

Permíteme que haya encabezado de este modo este mi pequeño obsequio en el día de tu aniversario: es para mí un honor que tú seas una «incondicional mía». A mí también me llena de orgullo, y tal como me lo sugeriste para mi «novela», te lo diré en primera persona: te quiero. Eres de las personas que más han significado en mi vida, y tú lo sabes.
Como ya conocéis los que seguís, de alguna manera en mis «Cartas desde Euskadi» vengo dedicándoles unas palabras – entintando momentos compartidos por la caligrafía, invadiendo perímetros de una superficie anquilosada por el continuo devenir de sucesos… tal como escribiría un buen amigo mío –, generalmente en un día de cierta significación para el receptor, a todo aquel o aquella que, de una forma u otra, alguna significación también tienen para mí. No es fácil – o al menos a mí no me resulta – escribirle a alguien por el simple placer de hacerlo, más cuando, desde lo afectivo, poco o nada puedo añadir, pues lo que siento por ti bien es conocido por los dos.
Entonces, sin querer, una idea ilumina tu mente a modo de recuerdo, por ejemplo, o de algo que, hasta ese instante, nunca habías tenido en cuenta. Sabías de su existencia, pero era como si no tuviese importancia alguna; que estaba ahí, como agazapada, a la espera de ser rescatada. De esos pequeños detalles – muchas veces emocionales – es con los que vamos rellenando nuestra existencia.
Recordé que estás leyendo mi manuscrito de «Juegos, sexo y amo» – espero que te guste y que lo disfrutes – y supe entonces la importancia, en valor sentimental, que tiene para mí el que tú seas de las primeras en conocer mi «obra» de primera mano. Lo que eso significa. Porque, ¿quién si no estarían más cualificadas que las personas que más y mejor me entienden, que más significación tienen para mí, que puedan valorar lo que escribo? Tú eres una de ellas. Sé que no serás la más imparcial, pero sí la más sincera.
Cuando en tú «estado», ese apartado del «Facebook» en el que se expone en la mayoría de los casos banalidades por exceso de ocio y aburrimiento, escribiste tu «crítica» a mi primer «cativo impreso», «El Niño De Los Colores»; no cupe en mí de gozo sin control alguno sobre mis glándulas lagrimales: de dicha, lloré. Poco original, ya ves, mas, así fue.
Que tú, una persona a la que admiro, elogie un insignificante trabajo literario escrito por un pseudo-escritor es, cuando menos, para este, gratificante, y si a esto le añadimos lo que representa, es decir, lo que significa (no quise reutilizar la palabra significación por no ser repetitivo), imagínate, pues, lo que pude llegar a sentir. Y ahora, resulta que la cosa no queda ahí: de ser yo tu más ferviente admirador a que tú lo seas de mí. Cuando en mi «Nota de autor» escribía eso, fue por la profunda admiración que te profeso. ¿Quién mejor que quien admiras se convierta en tu admiradora?
No quisiera aburrirte con mis significados e insignificantes admiraciones y con ello estropearte el día. Lo único que pretendo realmente, en ocasiones como estas, es que quien reciba estas pocas líneas negro sobre blanco, sepa que me acuerdo de ella por lo que esta significa.
Tu hermano que te quiere.
rpm’ 15
Eskadi-Galiza, mayo 2015

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