«CARTAS DESDE EUSKADI»

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xix

TATI.

      Tardé dos días en poder encontrar, más que las palabras o el momento, la explicación a lo que te ha ocurrido y todavía hoy no me lo explico. Supongo que jamás lo haré. Tardé dos días por incomprensión, por negación, por negarme a creer, a asumir, por injusticia. Tardé dos días y todavía hoy no me lo creo. Y algún día tendré que creer. Te has ido hace dos días, antes de ayer, el 20 de los corrientes y no he podido despedirme de ti. Despedirme de ti en vida.

      ¡Maldita sea! ¿Por qué te has ido?

      Es probable que tú me lo digas, porque tú crees. Quienes te conocemos sabemos de tu creencia, pero sobre todo de tu fe. Es verdad que crees en Dios, a tu manera – como con todo lo demás –, sin embargo, la fe es tu seña de identidad. En ti, en los tuyos y en todo aquél que gozó de tu amistad: yo tuve la bendita suerte de poder disfrutar de la misma. Es un honor y un privilegio presumir que me cuentes entre tus amigos. La reflexión pobre e inmediata es pensar que decir esto queda bien y cubre expediente. Ni quiero quedar bien ni cubrir expediente alguno, pero si reconforta, ilustraré a la persona, como yo, de poca fe.

      Hay muchas maneras de definir la amistad, como tanta otras de profanarla y hasta de prostituirla. Pues que se sepa que tú eres de esas que la da sentido a la misma, que recupera su misma esencia, que vuelve a colocarla en el sitio que le corresponde y de dónde nunca debió haber salido. Lo tuyo no es una amistad huérfana de contenido, sino es la que llenas con más argumentos que los simples lazos afectivos. Exiges, pero sobre todo das lo que verdaderamente importa de la misma. Para ti no hay amistad sin entrega, sin sacrificio, sin lealtad o con condición, entre otros tantos matices que pueblan tu ser lleno de colorido. Y con la misma fuerza y energía, si cabe, del mismo modo te comportas con los tuyos, sin contraprestación alguna: vives por y para ellos. 

      Si con una palabra debiera definirte, no lo dudaría, sería: lealtad. Sin fisuras.

      Sin embargo, bien simple sería si sólo con eso me quedase. Adornarte es fácil, más ahora que no estás. Y no seré quién peque de hipocresía post-mortem, sino que me remitiré a cuantos te conocen y ellos serán quienes se encarguen de añadir lo que a mi pobre vocabulario le falta porque, aunque aquí expusiese toda la larga lista de las demás virtudes que en ti se concentran – abnegación, fuerza, constancia, inteligencia, bondad… – jamás llegaría a cumplimentarla. Se lo oí decir a Jose, “Tu Jose”, sé dónde lo oyó, pero no importa: «No le contaré a la gente como has muerto, sino cómo has vivido >>. Hete aquí tu gran tributo. Y si me dejas, aportaré mi granito, que tampoco es mío, aunque creo que igual de bello: «El mundo sin ti será un lugar menos bueno».

      No creo en tu Dios – tú lo sabes –, entre otras cosas porque me ha desposeído de tu presencia. Mejor me quedo con tu fe y, si quieres, te confesaré, bajito y al oído, lo que en verdad creo. Creo en la eternidad, porque tú como los demás eres materia y energía, y ya sabemos lo que a ambas les ocurre. Esos millones de átomos, partículas, células y moléculas que fueron tú, se irán a formar otras cosas en otros lugares con distintos propósitos, pero con una diferencia en tu caso: a formar el bien.

      Y no todos pueden decir lo mismo.

      Apenas dos días…

      A mi amiga Pusha Fratilia, Tatiana. Tati, para los amigos.

rpm ‘15

Euskadi-Galiza, xaneiro 2015

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