«CARTAS DESDE EUSKADI»

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XVIII

Mi Muy Querido Hijo.

      Últimamente poco hemos hablado tú y yo. Por una serie de razones y casuísticas que no entraremos ahora a valorar, el caso es que la comunicación ha ido menguando sensiblemente. Nada grave, por otro lado, tan sólo la añoranza de tu contacto verbal que viene a sumarse al de tu persona. Intuyo, más que conocer, las remediables y asumibles dificultades en las que te has visto sumiso estos recientes pasados tiempos por lo poco que me has contado. Nada, creo yo, que vaya más allá de un pequeño bache del que tú, tengo plena fe, saldrás fortalecido.

      Camino ya de la treintena he visto como hace más de tres años emprendías el camino hacia la emancipación. Dejabas atrás el que siempre será tu hogar, a mí y a mamá, a tus hermanos y todo cuanto habías fraguado emocional y sentimentalmente hasta el día de tu partida. Con poco más que lo puesto te enrolabas en una nueva aventura entre las tierras de los hijos de la Gran Bretaña. Te acompañó la buena fortuna que siempre cosecha la buena gente, la morriña de tu tierra y las “saudades” de tus seres queridos. Nunca me lo has confesado por ser un buen hijo que evita a toda costa sufrimientos estériles a sus padres, pero mi ventaja en forma de experiencia se hace cargo de los llantos solitarios vertidos en los inicios, de las dudas que generan cualquier nueva situación y de los miedos que nos hacen replantearnos las decisiones tomadas. No te amedrantaste y seguiste con el plan poco formado, pero terriblemente arraigado en tu mente.

      Te fuiste siendo lo que siempre serás para mamá y yo: “nuestro niño”. O, si quieres – sin tanto remilgo sentimental, – un adulto recién salido de la adolescencia sin prácticamente experiencia vital alguna. No transcurrió demasiado tiempo para que me percatase de tu transición a la madurez: tan sólo fueron necesarias mis primeras comunicaciones en la distancia contigo. Una metamorfosis que, sin duda alguna, se forjó no sin cierto dolor. Esa que, con la vida, nos va puliendo. Del mismo modo, poco tardaste en encontrar lo que de verdad te satisface desde lo profesional, y de lo que personalmente en verdad eres.

      Soy tu padre y nada me cuesta decirte que me siento orgulloso de ti. Admitir lo contrario sería admitir mi propio fracaso. Sin embargo, obviando todas las conjeturas sentimentales que nos unen a ti y a mí, y esforzándome – lo que probablemente no conseguiré – en ser lo más imparcial que pueda, me siento igualmente orgulloso de ti. Tal afirmación resulta poco creíble, lo sé, pero, en este caso, lo hechos hablan por sí solos y así lo aseveran. Nadie te arrebatará eso.

      Te fuiste siendo un niño – “nuestro niño” – y hoy te dedico estas sencillas y pobres líneas como hombre. Más que nunca me siento orgulloso de ti. Sabía de tus capacidades, lo que desconocía era su puesta en práctica y, una vez más, sobrepasaste mis mejores expectativas. Poco importa lo que hayas conseguido, lo importante es lo que has aprendido y eso sólo se aprende viviendo y sólo para quienes quieran aprender. Y eso, hijo, es un signo de inteligencia: la única vara de medir que nos diferencia. Soy de la opinión que tú nada tienes que demostrar a los demás. Quizás con ciertos retoques hubieses sido lo que te hubieses propuesto, eso nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es lo que eres: una persona cada vez mejor. Y eso no es poco: no te olvides que hay quienes se conforman con ser buena gente.

      No quiero aburrirte más con mi verborrea muchas veces sin sentido y escasamente argumentada, pero me dejo llevar cuando se trata de “vosotros”. Sé que tú me entiendes y es suficiente. Como también sé que tú sabes porque te he escrito, aunque todo el mundo crea que es por ser el día se tu cumpleaños. Si eso es lo que en limpio saca todo aquél que se haya asomado a estas líneas, entonces, sólo caben dos deducciones: o quién esto lea no se entera, o que yo sea el que no se entera escribiendo.

      Probablemente esta segunda opción será la acertada.

      Tu padre que te quiere,

rpm’14

Euskadi-Galiza, decembro 2104

P.D.: Mon and I love you and miss you

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