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XVI
Mi Muy Amado Hijo.
No sé si es el momento oportuno, ni deseable o adecuado, siquiera necesario para escribirte estas breves líneas, pero si con ellas puedo ayudarte y te sirvan, ya no de consuelo – porque en ellas no busco ningún tipo de compasión –, sino que otro que el de apoyarte, y de que recuerdes, como tú nunca has olvidado, que siempre estaré a tu lado.
Tal como indica esta última frase, no quisiera caer en la fácil pero tentadora frase hecha por típica y tópica que, aunque llena muchas veces de sabiduría, verdad y realismo, no dejan, por ser repetitivas, hartas y vacías. Todo cuanto puedan decirte por este lado es más que sabido por todos, pero, sobre todo, por ti. Así que yo trataré de ser algo más ingenioso – aunque teme fracasar en el intento – y como padre y conocedor tuyo, ahondaré en los recuerdos y, con ellos, intentaré que veas las cosas desde donde, creo, debes verlas: somos lo que le pasado nos dicta. Tú no eres fruto de un día, tienes veintisiete años y eres, Bruno.
Con todo lo que ello significa.
No serás mejor por ello, pero, sobre todo, no serás peor. Si buscas, encuentras. Y la mejor forma de buscar es en ti. Tú no has desaparecido por perder algo. Ni siquiera sabes si lo has perdido, pero, aunque así sea, debes seguir para encontrar lo tuyo, como todos los demás hacemos. Y si todo está a oscuras, tú eres el interruptor de la luz: nunca dejes de ser quién eres, por hermoso.
Sé lo que me digo y lo que estoy escribiendo. Soy tu padre y sé quién eres. Te vi crecer y hacerte un hombre. Vi como un chico de apenas catorce años desafió a su entrenador porque éste no supo confiar en él, cuando éste había sido el artífice del éxito del colectivo. Deseaste pérdida del equipo por mor de un timorato, para lección a la gente sin confianza, lo que a ti te sobra. Te recuerdo salir al campo de juego enfundado a lo “Casillas” y porte “Valdés” en primera persona y, yo, desde la grada, gritarte, “¡Chulo!”, con el corazón desbocado por la emoción. Y tú, con aire “chulesco” dedicarme una sonrisa a lo “Bogart” plena de confianza y seguridad en ti mismo. Eras el líder y así todos te lo reconocíamos. Jamás vi que te achicaras.
Eres Bruno, así que ahora no es el momento. Debes de ser tú nuevamente y, si alguna vez has dejado de serlo, sólo es cuestión de mirar hacia ti y ahí hallarás la solución: los hechos hablan por ti. Sé ese chico pleno de confianza, el que desafiaba el poder, el que se sostenía, aunque el equipo se viniese abajo.
Eres Bruno, mi hijo que más se parece a su madre. Por eso sé lo fácil que es amarte, y lo hermoso, también. Puede que otros así no lo vean, que se compliquen con tu sencilla complejidad: amarte es simple porque has nacido para amar y ser amado. Eres hijo de mi amor y con ello lo digo todo. Jamás amas por interés ni nada pides ni esperas de los demás, como quién te parió. Por eso os amo tanto. Ya sé que, a veces, no todo se entiende del todo bien.
No te culpes ni culpes a nadie. Vuelve a ser el que siempre has sido, y no lo olvides – y esta vez, sí, recurriré a la frase hecha –: un hombre no se mide por las veces que se cae sino por las veces que se levanta.
Eres Bruno, eres mi hijo y allá cada cual con su interpretación. Nosotros bien sabemos a lo que nos referimos.
Tú padre que te quiere y no te olvida.
rpm’14
Euskadi-Galiza outubro 2014
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