Blog
«CARTAS DESDE EUSKADI», COMO INDICA EL TÍTULO, SON UNA SERIE DE CARTAS ESCRITAS DESDE EUSKADI (LUGGAR EN EL QUE RESIDÍ UN TIEMPO), DIRIGIDAS A LAS PERSONAS MÁS SIGNIFICATIVAS PARA MÍ EN DÍAS SIGNIFICATIVOS PARA ELLAS.
II

Hoy hace veinticinco años que naciste. Es, como puede deducirse, tu vigésimo quinto aniversario. Has cumplido ya un cuarto de siglo… suena distinto, ¿verdad? Has dejado atrás, según la ciencia, la adolescencia. Eres ya una adulta… toda una mujer, y estas pocas palabras aquí expuestas y mal compuestas, no tienen más objeto que el felicitarte: ¡FELICIDADES, HIJA!
Eres ya una mujer adulta… Tiraré de tópico – como hasta ahora – y de frase hecha: ¡parece que fue ayer! Pues ya ves, a estos tópicos y frases hechas les pasa como al refranero: en muchos casos aciertan. Y este es el caso. Sí, fue ayer cuando te vi nacer y ya entonces quise decirte tantas cosas que no se me ocurrió ninguna; estaba, creo yo, con la certeza de lo demasiado ocupado que estaba con el profundo amor que me embargaba y que me embarga todavía. Es tremendamente difícil o, al menos, así lo es para mí – con la indefinición e imperfección del lenguaje humano en cualquiera de sus idiomas, cuando tales emociones invaden todo tu ser, agolpándose dentro de ti a empujones y, como dirías tú a tus veinticinco años, “de subidón” –, expresar oralmente lo que sientes. ¡Quieres hablar, besar, morder, gritar… y todo a la vez! Y nada haces. Pero eres feliz. Si la felicidad es un estado de ánimo, es fácil: cuando esta no acude a mí, pienso en ti, te recuerdo, te imagino.
Luego creces… y aquí, otra vez, volveré – como puedes observar, no soy muy ducho en inventar nuevas frases ni nada que se le parezca, a no ser que, al querer decirte una vez más tantas cosas, me vuelva a embargar el profundo amor que te profeso – a tirar de tópico: ¡los hijos crecéis demasiado aprisa! O quizá, seamos nosotros los adultos los que vivimos – si eso es vivir – demasiado aprisa. Y quise decirte tantas cosas que, a tanta velocidad, no fui capaz; bueno, en realidad, se me escapó el tiempo, me quebró, se me adelantó y le dejé huir. Cuando por fin creí alcanzarte – si es que alguna vez lo hice – quise decirte tantas cosas que nada pude pronunciar. Supongo que fue debido al resuello… ¡pero tenía tantas cosas que decirte!…
Y ya ves, ya tienes veinticinco años, un cuarto de siglo. La niñez ya es un recuerdo y atrás has dejado la adolescencia. Entras como mujer en la edad adulta y yo sigo queriendo decirte tantas cosas que, ahora mismo, siquiera a través de estas breves palabras, nada se me ocurre. Nada que no sea el expresarte, si es que en negro sobre blanco pueda expresarse, el profundo amor que te profeso. Ese que me embargó el día de tu nacimiento y el que me embargará el día de mi yacimiento. Otro tópico más: te amé desde el mismo día en el que naciste y te amo hoy en el mismo que has cumplido. Y te amaré. Te amaré eternamente.
Sé que quise decirte tantas cosas y nada te he dicho – por cierto, ni a ti ni a tus hermanos –, pero ya que me he puesto a escribirte estas pocas líneas, te diré lo que mi corazón siente, mi mente piensa y este torpe y pobre manuscrito no logra describir: eres fruto del amor, sangre de mi sangre, vida de mi vida. Nada me separará de ti. Eres mi camino hacia la eternidad, por ello tienes mi amor a perpetuidad.
Tenía tantas cosas que decirte que lo único que se me ocurre es decirte lo que tú siempre has sabido y que jamás has puesto en duda: el profundo amor que te profeso. Es un tópico: soy tu padre. Supongo que es el momento de despedirme. Sé que nada te he dicho y si acaso nada nuevo, aunque en verdad, esto tan solo ha sido un medio para alcanzar mi fin, una excusa para tan solo y tanto decirte: ¡Te amo hija mía!, ¡felicidades Almudena!
rpm ’13
Euskadi-Galiza, marzo 2013.
Deja una respuesta